POLÍTICAS DEL PARASITISMO.


Por Hans Gièbe
Escritor y poeta. 

“Hay dos tipos de personas en la 
tierra: aquellas que se elevan y 
aquellas que se inclinan.”

Ella W. Wilcox.

Desde que recuerdo, mi entidad Hidalgo, y México mi país, han estado hundiéndose sin encontrar el fondo y los límites de su hundimiento. Entre la creciente y activa corrupción y las devaluaciones, fraudes electorales, la narcopolítica, los desaparecidos y asesinatos impunes, la arraigada ovación a la ignorancia y los males propios de una cultura inclinada a la festividad más que a la responsabilidad cívica, han sido temas comunes a lo largo de mi vida, y me pregunto si alguna vez tuvimos alguna meta como nación, si alguna vez realmente creímos que nuestra nación podía mostrar algo más al mundo que lo que enseña una bandada de criminales y traidores a la patria como una clase parasitaria inamovible.

La década de los noventa se caracteriza por un momento oscuro que culminó en una gran devaluación. Carlos Salinas de Gortari es un nombre que detesto desde el fondo, un nombre que para mí es sinónimo de la más alta criminalidad de cuello blanco. Devaluar a México, a nuestro querido país que tanto saqueo sigue soportando, devaluar a México, no a su moneda, porque en todo caso unos trozos de níquel qué pueden saber de valor.

Fue en diciembre de 1994 cuando el prestanombres del crimen, Raúl Salinas, daba inicio a la época dorada de la carnicería y el liberalismo, de los fraudes electorales y la antidemocracia. Todo mexicano sabe que Carlos Salinas es el cerebro detrás del priísmo moderno, es el economista sin escrúpulos que dejó al país al borde de la quiebra. No importa cuántos libros, biografías, notas de excusa y demás artimañas quiera publicar para limpiar su administración. Fue el presidente que desfalcó al país hasta rozar la miseria.

Salinas es un hábil conocedor del parasitismo político, del enmascaramiento, del discurso lastimoso y televisivo que es el más efectivo para evadir la responsabilidad de tanto robo y peculado. Salinas es el gran titiritero, el jugador que esconde los dados y dicta los resultados. Sus adeptos quieren ser como Salinas, es su modelo a seguir, les regocija su figura, la imitan. Lo que se esperaba de un economista, a diferencia de un dirigente moral, es hacer dinero. Lo complicado fue que no amasó dinero, como buen economista, para el beneficio colectivo. Lo acumuló para un grupo político, de lo cual me convenzo más, el actuar del parásito como en el organicismo de Herbert Spencer. Está comprobado que ciertas especies tienen naturaleza parasitaria. Describe la ciencia que el parasitismo es un tipo de depredación, y depredación es precisamente lo que han practicado en México. Para ser explícitos, en México el huésped es el pueblo y el parásito el sector de la política… del pueblo obtiene sus beneficios. Lo que nos dice la biología es que en la mayoría de los casos de parasitismo el hospedador percibe un daño o perjuicio por parte del huésped casi sin detectarlo. 

Le parece normal.

Carlos Salinas de Gortari representa todo un esquema de parasitismo tecnócrata. Su visión de economista fue lesiva. El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) terminó por consolidar el saqueo en nuestro país. La gente de a pies, el trabajador promedio, los honestos, la prole, como le llaman desde las altas cúpulas, siguen siendo el anfitrión, el huésped de un grupúsculo parasitario. El Estado sigue y seguirá teniendo, como lo decía Max Weber, facultad de aplicar la violencia legítima sobre los ciudadanos que “pactaron” un contrato social sobre la imposición del poder sobre sus propias voluntades. 

Las políticas económicas son las que realmente rigen por sobre las políticas gubernamentales. El sistema económico es el amo y señor de los millones de habitantes en este ruin planeta de caníbales. Los que conozcan las leyes de la economía conocerán las leyes de la política y las harán valer, a ambas, a través del sistema jurídico. Este personaje, tan admirado por los más ignorantes y los más beneficiados por su escuela, ha dejado una tradición en los políticos de nuestra época, a tal punto en que sueñan con imitarlo. 

El periodo del salinismo tuvo como características la avaricia, la agresión (surgió el EZLN en esa época como defensa contra esa agresión al pueblo más desvalido). Recuerdo la gran palabra del momento: solidaridad. Era la máscara perfecta de un engaño vil. Generó sus adeptos en el círculo político pero también en las masas. Salinas apapachó a Octavio Paz y a su grupo de intelectuales, a los medios de comunicación y, principalmente, a los inversionistas extranjeros. Revendió a México como muchos traidores a la patria previos, a un muy buen precio. Algunos engendros del salinismo tienen nombres y apellidos que aún siguen chupando la sangre del pueblo como parásitos eficientes: Romero Deschamps, Elba Esther Gordillo y Jongitud Barrios. El culto a la figura de Carlos Salinas de Gortari se popularizó en las hordas políticas. La centralización del poder económico llevaba aunada la centralización del poder político. Se inició el culto al parasitismo. Los valores se revirtieron y Salinas se tragó su propia mentira para que otros también pudieran tragar de ella. Le interesaba su imagen y el maquillaje de su discurso.

Como hidalguense, soy testigo de los rezagos de esa doctrina salinista del parasitismo. Se replica la fórmula en el Estado de Hidalgo. Tenemos bufones en el Ejecutivo, actores, negociantes, mercaderes, gentuza que se hace millonaria en algunos meses una vez manejado los hilos de los cargos públicos y el nepotismo. La réplica del salinismo y sus discursos demagógicos se fotocopia en versiones baratas de políticos mediocres en nuestro Estado de Hidalgo. Salinas es la raíz, la fuente, el ejemplo de todos esos parásitos que ahora pululan en Hidalgo. Eso no es lo peor; lo verdaderamente terrible es que ahora el narcotráfico juega un papel preponderante. Eligen a sus lacayos a modo, y esos lacayos conocen el juego de las apariencias en esa terrible práctica del parasitismo llamada política. 

El pueblo no se deshará de los parásitos acumulados en el poder… porque muchos en el pueblo sueñan con la vida cómoda del parásito: No trabajes para ser rico. Aspira a ser político y conviértete en el nuevo zar del parasitismo.