LOS MOCHAIROS.


Por Álvaro López.
El Cerebro Habla

“Mocho” es un término despectivo para referirse a las personas profundamente conservadoras en tanto que “chairo” se utiliza despectivamente para referirse a las personas de izquierda excesivamente idealistas. Podría decirse que son la antítesis, ambos personajes suelen diferir en casi toda la agenda que promueven. Los “mochos” son conservadores en lo social, y suelen creer, al menos hasta cierto grado, en el libre mercado. Los “chairos” suelen ser, al menos en la mayoría de los casos liberales en lo social y conservadores (o intervencionistas) en lo económico (ciertamente lo segundo les es más importante y pueden llegar a prescindir un poco del liberalismo social con tal de defender el intervencionismo estatal). 

Podría pensarse que en estas condiciones es imposible crear una alianza en común, pero al menos parece ser que es lo que AMLO estaría tratando de hacer o al menos tendría que hacer para que la alianza de MORENA con el PES (Partido Encuentro Social) rinda frutos (me imagino que debió haber calculado que los votos de los evangélicos que gane serán más en número que los votos que podría perder). López Obrador ha dejado a varios de sus seguidores en un dilema muy complicado: ¿cómo apoyar a un candidato que se está recorriendo de forma alarmante al conservadurismo, y al más rancio y retrógrada, si yo soy profundamente progresista? Dirá alguno de los suyos.

Pero lo que más debe de llamar la atención es la incongruencia que esto implica. Es una traición a sus seguidores (aunque algunos no lo quieran ver). Hasta hace poco, López Obrador podía decir que, a diferencia del PRI (partido ambiguamente ideológico por definición) y el frente (compuesto por un partido de derecha y dos de izquierda), él mantenía una postura ideológica definida y era congruente con ella. A partir de hoy esto ya no es así, incluso la contradicción es más grosera que en los otros casos.

Esta decisión, además, habla de su mesianismo populista, paralelo a lo ocurrido con algunos de los mandatarios del Caribe y del cono sur quienes a pesar de decirse de izquierda suelen ser más bien conservadores en lo social e incluso suelen aprovechar la religiosidad de su pueblo para alimentar su liderazgo. Los regímenes autoritarios buscan intervenir también en la moral del individuo. López Obrador ya lo había dejado patente en su libro donde acudía constantemente a pasajes bíblicos y donde hablaba de la felicidad y la bondad, incluso la definía. No es casualidad que se haya destapado como precandidato el 12 de diciembre, el día de “la MORENA de Guadalupe“.

El propio López Obrador dice que la alianza con el PES es muy importante porque “incluye principios, valores culturales morales y espirituales”. Al igual que dijo en su libro, AMLO dice que esta alianza es muy importante porque “no solo vamos a buscar el bien material, sino el bienestar del alma”. Estas propuestas son peligrosas porque así López Obrador quiere intervenir directamente en la moral de los individuos, quiere definir por ellos qué es la bondad y casi condicionarles su plan de vida para que no discrepe con este credo. 

La contradicción se vuelve más grande porque AMLO había tomado a Benito Juárez como estandarte, quien, de forma paradójica, representó lo opuesto a lo que López Obrador quiere representar. Los líderes autoritarios de América Latina de igual forma suelen tomar a algún héroe o un mito y usarlo como estandarte aunque en el camino tergiversen su ideario hasta que casi no quede nada de él. 

Preocupa, preocupa y mucho que AMLO vaya a construir su “cartilla moral” con la ayuda del sector más rancio y conservador de todo el país. Preocupa porque este tipo de estrategias políticas son más parecidas a la de la izquierda populista latinoamericana que las de la izquierda moderna. Incluso deberíamos poner el término “izquierda” en entredicho. 

El “mochairo” no puede existir, violaría el principio de no contradicción de Aristóteles donde una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo. La alianza MORENA – PES viola ese principio de no contradicción. Más bien parece que se podría explicar mejor por medio del gato de Schrodinger.

Dicen que hoy AMLO acaba de cavar su tumba. Yo no estaría tan seguro de eso.